La Historia de mi Hijo.

09.01.2012 00:36

Querétaro, Qro. a 9 de enero de 2012

 

La Historia  de mi Hijo.

 

Su nacimiento fue un milagro,

su vida, un ejemplo fue

y un milagro su partida, también lo fue.

Los médicos así lo determinaron,

sus amigos lo confirmaron

y su hermano lo descubrió.

 

En una sección de la Biblia

una mano invisible

a la primera intención lo encontró.

 

El consuelo muy bien explicado

de aquel doloroso suceso,

sólo lo puedo haber dado

el creador de todo lo que es visible.

 

Su luz aún permanece

en una estrella en el cielo.

La más blanca, la más roja.

Mi estrella Roja en el Cielo,

mi Cristo particular.

 

Rafa cómo te extraño,

quisiera tu rostro ver,

como conmigo estabas,

como me abrazabas,

como ayer, como hace un año.

 

Una omisión muy grave sería

darle muy poca importancia

al espectáculo que fue tu vida.

 

Porque se conjuntaron tres hechos insólitos:

tu nacimiento, tu vida y tu partida.

Tres admirables milagros

pocas veces vistos

en una sola persona.

 

El Hecho es tan trascendente

que puede ser interpretado

como una maravillosa respuesta

a la interrogación de la vida.

Es el esfuerzo del eterno Dios

por querer  explicarnos

su real existencia.

Es su querer darnos a entender

de que no estamos solos,

de que el nos ama,

de que él nos espera.

A ti ya no te espera,

porque tú ya estás con Él.

 

Saber esto me mantiene vivo,

saber esto ha acrecentado mi FE.

Saber esto es estar seguro

que muy pronto te alcanzaré.

 

Claro que no será fácil,

necesito portarme bien,

obedecer al pie de la letra

el único mandamiento expresado por Jesús.

 

Siento tanta alegría,

hijito de mi vida,

de que nos volvamos a encontrar,

porque no me cabe en el alma

tanta felicidad, que no la puedo explicar.

 

Pero no hay problema, yo se que tú

y mi Dios me entienden,

como nosotros deberíamos de entender

de una vez por todas de que la vida no se acaba

cuando dejamos de respirar.

 

Yo he sentido tu presencia,

he recibido tu ayuda,

Te he visto y oído en mis sueños.

Lo mismo que tus amigos,

lo mismo que mi compañera,

la misma que te dio su sangre,

la misma que te dio la vida,

la misma que tu tanto amas,

la misma de la que no te olvidas.

 

Gracias Rafa por todo esto,

sigue comunicándote con nosotros.

Te tenemos siempre presente.

Tú lo sabes mejor que nadie,

te mandan saludar tus amigos,

siempre me platican de ti,

puros recuerdos buenos,

los malos no me los dicen,

porque no los ha de haber,

pero si los hubiera, no te preocupes,

yo te los perdono,

como tu ya habrás perdonado todos los míos,

pues ahora ya los has de saber.

Rafael Cabello Pérez